La Unidad Turística Chapadmalal tiene una extensa historia, fuertemente arraigada tanto en la provincia de Buenos Aires como en el conjunto de la República Argentina. Este complejo, erigido en la década de 1940 bajo la impronta de los Decretos Nacionales 9.305/45 y 15.869/45, no nació como un simple conjunto de edificios hoteleros, sino como el testimonio arquitectónico de un derecho conquistado: el acceso de los trabajadores al descanso, al mar y a la dignidad. Construido sobre un mosaico de tierras que incluyó generosas extensiones de tierras fiscales pertenecientes a la Provincia de Buenos Aires, el complejo impuso desde su origen el fomento del turismo social como eje ético y jurídico inalienable. La colonia de vacaciones de Chapadmalal —nominación derivada de sus pobladores originarios, los “chapadmalenses”, en alusión a los habitantes de la región de los acantilados— se halla emplazada en una franja de 20 kilómetros de costa surcada por arroyos, en una topografía formada por elevados acantilados y espléndidas dunas que, junto a la vegetación y el océano, dotan al lugar de un paisaje privilegiado. Desde mediados del siglo XX, el Turismo Social se insertó en la agenda estatal con intervención directa en su desarrollo, reconociendo que el goce de las vacaciones es un derecho que debe estar garantizado para cualquier ciudadano. Se entiende como el resultado de planes y acciones llevados a cabo por instituciones que no persiguen lucro, con el objeto de permitir el acceso al turismo a los sectores de escasos recursos. Así, el derecho al turismo social vino a complementar el derecho a las vacaciones pagas consagradas para todos los trabajadores y trabajadoras en el segundo lustro de la década de 1940.